El gremio narco

Una reflexión sobre el gremio del crimen organizado. Borges en uno de sus cuentos hace la historia de un jefe bárbaro que acaba de conquistar una ciudad del alicaído imperio romano. Se dispone al pillaje, a incendiar, a dar rienda suelta a sus instintos destructivos cuando ve el esplendor de las construcciones, la belleza de los jardines, el señorío de los templos y decide que tratará de conservar aquello.

La terca realidad, empero, no corresponde mucho con la imagen que nos pinta Borges de alguien que se transforma al contacto con la cultura; en particular la cultura occidental en este caso. 

El imperio romano desapareció pero dejó intactos la mayoría de sus construcciones. Sin embargo estas desaparecieron y fueron sustituidos por  construcciones de menor jerarquía y en muchos casos, muy distantes de la belleza romana. Y es que los hacendosos habitantes post-imperio fueron demoliendo los edificios romanos piedra por piedra para hacer los castillos, casas y catedrales medievales. Incluso los caminos romanos no se salvaron, la mejor red de carreteras del mundo antiguo desapareció para hacer murallas, casi literalmente. Europa no volvió a tener una buena red de carreteras hasta el siglo XX, en parte por el empuje del coche sin caballos y alguna ayuda de Adolfo en Alemania.

En fin, que la cultura determina en mucho el como alguien ve las cosas, eso nos regresa a nuestros narcos mexicanos. 

El narcotráfico ya existía desde hace bastante tiempo, pero no era una de los grandes problemas del país. Se veía como una actividad que había que combatir, si. Pero no se veía como un problema que amenazara al Estado.

El cambio vino durante el gobierno de MMH, con las primeras grandes figuras del narcotráfico: Don Neto y Rafael Caro Quintero. El narcotráfico comenzó a despegar con el primer gobierno neoliberal, y de ser un problema bastante menor se convirtió en un problema que amenazaba la existencia misma del Estado.

El problema se agrava con la creación de los Zetas, grupo de soldados de baja o desertores del ejército mexicano que se integraron al Cártel del golfo y le dieron al narcotráfico un toque de violencia que se ha vuelto el sello distintivo de la actividad. 

No olvidar que al llegar el neoliberalismo al campo mexicano se destruyó toda la estructura que permitía a los campesinos cultivar la tierra; me refiero a los precios de garantía, CONASUPO, etc. Porque no eran eficientes. A los que se creyeron eso hay que aclarar lo siguiente: En primer lugar el Estado no es un negocio, no tiene porqué hacer lo que hace una empresa porque no es una empresa. El Estado existe para velar por el bienestar de sus gobernados (todos, no solo los grandes capitales), esa es la razón de existir del Estado. El resultado de esta política de destrucción fue que la base económica del centro sur del país colapsó (de verdad, esa agricultura «ineficiente» permitía que una gran parte del México rural vivera muy decentemente).

Esto tuvo dos resultados, una gran emigración a los USA, regiones enteras en las que solo quedaron esposas, niños y ancianos, era casi imposible encontrar a alguien en edad productiva viviendo ahí. Posteriormente se fueron las familias completas y muchos pueblos quedaron semifantasmas. De hecho, esto fue una gran catástrofe humanitaria, una inmigración por hambre de millones de personas.

Los que eligieron quedarse a vivir en esas zonas sin subsidios y que la entrada de productos extranjeros, fastidió lo que quedaba de la economía. No hubieron demasiadas opciones: El narco. 

Recuerdo que hace unos diez años a muchos periodistas les dió una epidemia de entrevistar a los niños del narco. Niños de unos quince años que el sistema dejó olvidados y que se enrolaban en el narco. Sabían que en promedio iban a vivir unos dos años, algunos no sobrevivirían a su primera misión. Otros (muy pocos) podrían durar lo suficiente para escalar en la organización. Sin importar cuanto duraran en el narco, lo cierto es que el narco les dió trabajo bien pagado. Pero sobre todo, la dignidad que da un trabajo. Les hizo sentirse útiles, le dió un sentido a la vida de estos descastados. 

¿Le suena la frase: «Todo se lo debo a mi manager»? Hay (muchos) que pueden decir: «Todo se lo debo al narco». 

Podemos decir misa los decentes y bienintecionados ciudadanos honestos, pero hay un porcentaje enorme de la población que vive (no sobrevive) gracias al narcotráfico.

Consideremos que el narcotráfico ha producido desde 1982 tal vez una docena de fortunas que rivalizan (y en muchos casos superan) con las de los mexicanos que están en la lista de Forbes.

 

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