
Los autos eléctricos vienen a salvar al mundo de la contaminación. Después de ser promesa durante los últimos 50 años o más, por fin tenemos autos eléctricos comerciales por las calles. Además al alcance de cualquier que tenga una abultada cartera.
Se terminará la contaminación producida por los motores de combustión interna que tanto daño generan a los pulmones de la población que respira los gases producidos por los vehículos obsoletos. Esa es la promesa.
Pero, ¿pueden cumplir esa promesa los automóviles eléctricos? O dicho de otro modo, ¿qué tan verdes son los vehículos eléctricos? Emprendamos un recorrido por la jungla de asfalto y busquemos lo verde de los autos eléctricos.
En primer lugar, los automóviles eléctricos no acabarán con las inmensas pérdidas económicas (en horas-hombre) producto de los embotellamientos en las ciudades. Por la sencilla razón de que los autos eléctricos sustituirán uno a uno a los automóviles de combustión interna.
En la ciudad de México, el automóvil representa el 80% del parque automotor, pero genera solo el 17% de los viajes en la ciudad.
Ahora bien, cuando se habla de que el automóvil contamina, casi siempre nos referimos a la contaminación producto de los gases que salen por el escape del auto. Sin embargo, un coche contamina de muchas otras formas.
Los automóviles emplean llantas de caucho que se desgastan y eventualmente tienen que ser sustituidas. Dado el tratamiento que dan los fabricantes de neumáticos a estos para ser lo más resistentes posibles a las condiciones de la intemperie ya podamos sentarnos a esperar que estos se degraden y se reincorporen a la naturaleza.
Todavía no sabemos que hacer con los neumáticos que desechan los automóviles, por todas partes del mundo hay inmensos depósitos de neumáticos inservibles. Aunque ya se recicla una parte de esas llantas, el número es irrisorio comparado con los neumáticos que se desechan cada año. Este punto es importante. Los neumáticos desechados generan un costo económico bastante grande en razón del espacio que ocupan (y contaminación del aire cuando por alguna razón se incendian estos depósitos).
Pasemos a los autos propiamente dichos, los autos eléctricos dependen de la electricidad que se produce en otro lado. Y aunque una central generadora de electricidad es intrínsecamente más eficiente que un motor de combustión interna, más del 80% de la electricidad se produce quemando carbón, gas o algún derivado de petróleo. Dada la distancia a la que se encuentras las centrales eléctricas, hay una pérdida de energía en el transporte. La batería no carga el 100% de la energía recibida y finalmente un punto muy importante. Dado que los autos eléctricos tienen aproximadamente la misma masa que un auto convencional, aproximadamente una tonelada, casi toda la energía se utiliza para mover el auto.
Aclarar que la inmensa mayoría de las personas viajan solas en su auto; en promedio 1.3 personas por coche.
Los automóviles (todos) producen otra contaminación que afecta las vías respiratorias, me refiero a que cada vez que arranca y avanza el auto, el neumático se desgasta y desprende finísimas partículas de caucho que quedan flotando en el ambiente y obviamente son respiradas por todo mundo. Cuando el auto frena también se desprenden partículas de las balatas de los frenos, con a saber que efectos sobre la salud de las personas.
De hecho, en algunos apartados es probable que el auto eléctrico se incluso más contaminante que el auto convencional de gasolina. En este caso merecen mención especial las baterías. Las baterías son de las cosas más contaminantes que produce la industria humana. Y casi todas se desechan sin mayor trámite. En el caso especial de las baterías de litio, necesitan otro elemento para que rindan como rinden estas baterías. Me refiero a que las baterías de litio utilizan tantalio para mejorar sus capacidades. El problema del tantalio es que es un elemento muy tóxico y está presente en todas las baterías de litio. Yo creo que este punto es responsabilidad de los fabricantes de baterías, ellos deberían de encargarse de los costos ambientales y económicos que produzcan la inmensidad de baterías desechadas en un futuro próximo; si se generaliza el uso del automóvil eléctrico.
En cuanto a los motores eléctricos, estos han evolucionado de un modo espectacular en los años recientes en tamaño, potencia y peso. Pero, ¿a qué se debe esto? Aparentemente a los elementos usados en la elaboración de estos motores, utilizan imanes de «tierras raras». Y esto es uno de los handicaps del auto eléctrico. Las tierras raras no son tan raras, pero su refinación es un proceso muy sofisticado y caro que se ha desarrollado de la mano de la industria de las armas nucleares. Esto es, hay un cuello de botella o monopolio sobre estos elementos de parte de unas cuantas industrias que poseen el «know how» que hace que los motores eléctricos sean tan adecuados en tamaño y peso para los autos.
Además, si el auto eléctrico se generaliza, no alcanzará la electricidad que se produce en la actualidad. Se deberá producir más electricidad. Una inversión que seguramente es muy cuantiosa y que muy probablemente correrá por cuenta del Estado (y de aquellos que pagan impuestos).
Por lo que se ve en esta revisión a vista de pájaro, el auto eléctrico no soluciona los problemas generados por el automóvil de combustión interna, ¿para qué cambiar?
Existen diversas razones, en primer lugar, los fabricantes de autos descubrieron que ensamblar autos eléctricos es más económico porque no tienen tantas piezas y pueden prescindir de una masa sustanciosa de trabajadores. Aunado al hecho de que se tendrá que renovar toda la flota de automóviles a nivel mundial, generando una ganancia fabulosa para los fabricantes de automóviles.
Un concepto ya común es el de la obsolesencia programada, en el caso del automóvil de combustión interna es obsolecencia por decreto. Los fabricantes de autos saben que es difícil hacer que todos los usuarios de auto cambien por un modelo nuevo con frecuencia. Pero si en nombre de salvar al planeta, se hace un cambio en la tecnología, se obliga a todo el mundo (literal) a cambiar su vehículo.
La necesidad de nuestra sociedad es reducir de un modo significativo la emisión de gases de efecto invernadero. Pero resulta, que con toda la sofisticación de autos eléctricos, la emisión de gases de efecto invernadero no es muy diferente de la de una auto de combustión interna. Sin contar que las otras contaminaciones asociadas como los neumáticos, micropartículas que se desprenden de llantas y frenos, problema de basura sin reciclar cuando llegue el final de su vida útil, etc. Finalmente, no termina con los monumentales embotellamientos de autos en las calles de la ciudad. Paradójicamente, el automóvil (de combustión interna o eléctrico) realmente ha disminuido la calidad de vida.
Si realmente se desea acabar con los atascos de tráfico, disminuir de un modo significativo la emisión de gases de efecto invernadero, mejorar la calidad de vida de la población en su viaje al trabajo o de regreso, la respuesta no es el coche eléctrico, ni siquiera hay que inventar nuevas tecnologías. Solo hay que plantear un buen sistema de transporte público. Con las tecnologías actuales se puede mejorar radicalmente la calidad de aire y vida en la Ciudad de Mexico, porque el problema no es tecnológico, es cultural y monetario.
