
Durante buena parte de la historia de la humanidad, casi nadie se preguntaba como sería el futuro. Ni se obsesionaba con lo nuevo (y bueno) que nos pudiera traer. No, el futuro no era algo que mereciera demasiada atención. Después de todo, aquello que llamamos innovación no tenía mucho que hacer en épocas pasadas.
La principal manera de transportarse hasta hace unos cien años eran las propias piernas de la persona. Si tenía recursos económicos podría ser un transporte de tracción animal. Las noticias durante mucho tiempo las llevaban los comerciantes (o viajeros) que iban de pueblo en pueblo. Pero a partir de la revolución industrial comenzó a gestarse una obsesión por como sería el futuro.
En el último tercio del siglo XX se puso de moda el vaticinar la forma de vivir en el año 2000 y más allá.
Autos exóticos, aparatos exóticos (curiosamente, nadie predijo el celular), viajes increíbles, medicinas milagrosas, extensión de la vida humana, etc. Siempre el futuro sería mejor, de algún modo nos quitaban la felicidad presente y que reserváramos la felicidad para el futuro. No es por nada que en los memes de autoayuda que pululan por la red nos dicen que vivamos el presente. No es que no lo vivamos, desde luego, pero desde hace mucho nos dicen que pensemos con ilusión en el futuro. Porque en el futuro todo será mejor.
De la noche a la mañana, nos cae una pandemia, además resulta que toda nuestra ciencia médica puede hacer muy poco por curarla. Una situación que muchos les ha parecido del medioevo. Pero no, es una situación del siglo XXI, ese en el que todo estaría resuelto. Digamos que es una situación vintage, ya que está de moda la palabra.
Quizá esa sea una de las razones por las que mucha gente no lo cree. Actuando de forma concomitante en este descreimiento con la necesidad económica de muchos, el bajo nivel educativo y el infantilismo del macho (lean el libro: El pueblo que no quería crecer, de Ikram Antaki).
Y ni siquiera en medio de la pandemia estamos en el presente. Desde el primer momento comenzaron algunos a pensar en el mundo post COVID-19. Desde el Consejo coordinador empresarial, que de inmediato comenzaron a gritar que los ayudara el gobierno para sortear esta crisis presentando cifras impresionantes de las pérdidas que habría por la pandemia. Debo decir que me asombra la rapidez con la que los empresarios calculan las pérdidas que tendrán en cualquier situación, sobre todo en esta en la que nadie sabe a ciencia cierta cuándo y cómo terminará. Hasta un artículo de Kissinger publicado el 4 de este mes, en el NY Times en el que expresaba como cambiar todo, para que todo (las relaciones de poder) quedara igual en el mundo post COVID-19.
Antes de continuar debo hacer un pequeño paréntesis económico. Cuando nos dicen que el PIB creció y que la bolsa subió, ¿mejora la economía del pueblo llano? No. En México lo que sucede en bolsa afecta únicamente a los directamente involucrados en la bolsa. En cuanto al PIB, el INEGI lo calcula basado en lo que produjeron los grandes grupos económicos. Lo que sucede con los de a pie representa una parte pequeña del PIB. En resumen, estos indicadores económicos están casi completamente desligados de la situación económica de la inmensa mayoría de los mexicanos.
Un detalle más, los rescates de los grandes grupos económicos están fuera del capitalismo.
Dicho lo cual, continuo. En los pronósticos económicos de todo mundo para la pandemia económica, los pronósticos se hacen en base al PIB. Es decir, en base a los grandes grupos económicos. Que son los que quieren que el gobierno se endeude con el FMI (y que el pueblo pague la deuda). Esto no insinúa que la pandemia no va a afectar al «pueblo bueno y sabio». Significa simplemente que salvar a los grandes grupos de poder monetario no va a mejorar la situación económica del 97% de la población.
¿Qué hacer?
Cambiar la doctrina económica. El presente entorno económico es muy hostil a la pequeña y mediana empresa, al mismo tiempo es muy amigable para los grandes jugadores económicos.
Sin embargo las pymes son la bandera de los grandes intereses del dinero para que el gobierno haga un segundo FOBAPROA.
Un cambio del rumbo económico realmente marcaría un antes y un después del COVID-19. ¿Cómo será nuestro futuro inmediato? No lo sabemos, pero no será nada fácil.
¿Regresar a la normalidad?
Buena pregunta, esa normalidad que de alguna manera se extraña es la culpable de la inestabilidad laboral, la miseria generalizada, un pésimo sistema de salud público, la precaridad de las Pymes. De la comida chatarra con obesidad, diabetes e hipertensión.
Dicho lo cual, creo que el camino no es regresar a la normalidad anterior, sino el tránsito a un mundo más equilibrado económicamente. ¿Porqué esta insistencia en el entorno economico? Porque sin un buen entorno económico todo se queda en sueños y aspiraciones. No hay manera de que un pueblo pueda dar todo su potenial si está sumido en la miseria.
