
Excelente película de 1962 en la que un joven comete un robo por el cual es sentenciado a pasar una temporada en el reformatorio. Ahí comienza a correr y descubre sus cualidades naturales como corredor de fondo, a partir de ahí (corriendo) hace una reflexión sobre su vida.
En el fondo la película es una reflexión sobre la soledad última de cada quién en la vida.
Pero también el título es aplicable a algunas personas en ciertas situaciones.
Desde hace unos días se vuelven más imperiosos los llamados a «reabrir» la vida del país y emprender la «nueva normalidad». A pesar de las vidas que se ponen en riesgo. La decisión es, en el fondo, de una sola persona, el presidente.
Sea buena o mala la decisión que se tome, la responsabilidad descansa sobre él. No sería la primera vez que un jefe de Estado tome una decisión sobre la vida sus gobernados. Churchill solo le prometió a su pueblo; sangre, sudor y lágrimas y su pueblo lo siguió. Napoleón con una arenga lograba que sus hombres fueran a la gloria con él. La historia está jalonada de millones de muertos anónimos cubiertos de laureles.
Pero ahora no es una guerra, es una pandemia. Confundida al principio con un catarro con esteroides; poco a poco nos vamos dando cuenta que el es virus mucho más peligroso de lo pensado inicialmente. Extremadamente contagioso, tal vez un 80% de los contagiados son asintomáticos, que dispersan la enfermedad sin que nadie se de cuenta. Ataca corazón, hígado, riñones, pulmones, tal vez cerebro, fuertes problemas vasculares, una patología muy particular en los niños y a veces una respuesta autoinmune que produce el colapso del enfermo.
Mientras la vacuna es protagonista, por su ausencia.
Por otro lado una economía de por sí raquítica y enferma. Una economía que se ha ido desmoronando conforme avanza la pandemia. Miles de desempleados en un país cuya tasa de desempleo real ronda el 50%, cortesía neoliberal. El grupo de poder económico, y por lo mismo un poder fáctico, reclamando al Estado que se endeude para «salvarlos». Por otro, la economía informal, la mayor actividad económica del país (si incluimos al crimen organizado) que no puede quedarse en casa en cuarentena. Simplemente porque viven al día, es decir, si no salen a ganarse el pan del día, no comen. Además de al menos un empresario de la lista de Forbes que lo único que entiende es de sus ganancias.
No puede decirse que la cuarentena ha sido un fracaso, si consideramos el país que tenemos. Pero dados los modelos matemáticos que hay, lo que hemos logrado es que no todo el mundo vaya a dar a terapia intensiva al mismo tiempo.
Con este entorno la realidad económica se va imponiendo y se contempla la normalización de las actividades económicas. Si no se hace la mayoría de los pequeños negocios morirán en poco tiempo.
Justo ahora, cuando aumenta el número de positivos, hospitalizados y muertos se plantea reanudar la actividad económica.
La decisión no es fácil, no se esta entre la espada y la pared. Se está entre dos espadas.
Al final solo hay un responsable de los resultados. Esta es la soledad del mandatario.
