¿Salvar el turismo del COVID-19?

La actividad económica por la que se ha apostado desde hace varias administraciones es el turismo. El turismo llegó a ser una parte importante del PIB, razón por la que se quiere recuperar el sector.
Su importancia es indudable, pero ya que la economía dependiente del turismo, está en terapia intensiva por culpa del coronavirus; creo que vale la pena hacer algunas reflexiones.
El turismo ha servido para paliar el problema crónico del desempleo por un lado, además ha sido atractor de inversiones. Ahora bien, la mayoría de los empleos que ha generados son empleos de bajo nivel de especialización (recamareros, meseros, guías turísticos, vendedores de baratijas, etc). Por otro lado la inversión que atrae, es de grupos hoteleros que construyen inmensos complejos hoteleros para inmensos grupos de turistas extranjeros.
En principio está bien, pero, ¿realmente soluciona problemas al país?
Soluciona el problema del empleo en ciertas zonas del país. Pero es un empleo precario y mal pagado en la mayoría de los casos.
Esos enormes grupos de turistas extranjeros pagan todo (hospedaje, comida, diversión) en sus países de origen a las cadenas internacionales de turismo. Es decir, la derrama económica en el lugar es mínima. Aunque se mencionan alegremente las enormes cifras de dinero que genera la industria turística, esta derrama económica se queda en muy pocas manos y no en el centro turístico.
En el fondo solo da a la población la posibilidad de sobrevivir.
Además, cuando toda la actividad económica gira en torno al dinero que derrama el turista, la población hace todo lo posible por extraer dinero al visitante. Y pueden llegar a extremos como destruir el lugar que visita el turista para tener un lugar con algo que venderle al turista o cobrar pequeños servicios a precios escandalosos.

Hace algunos años se le llamó al turismo “la industria sin chimeneas” dado que se consideraba que no tenía un impacto ambiental apreciable en los centros vacacionales.
Esto era porque el turismo, aunque ya movía flujos apreciables de personas, aún no había alcanzado la masividad de principios del siglo XXI.

Actualmente se puede decir sin cortapisas que la actividad turística es de las más destructivas con el medio ambiente.
El ubicar los hoteles directamente sobre la playa destruye la misma playa. Quizá en Cancún es donde más marcado es el efecto. Asímismo no hay control en las descargas de aguas negras y contaminan el agua donde supuestamente los vacacionistas van a darse un chapuzón. Además privatiza las playas defacto; aunque la playa es pública, en la práctica el acceso a esta es muy limitado. Sin contar con que se quita a los habitantes (y los turistas que no están en esos hoteles), la vista al mar. Es curioso, ser habitante de un poblado de la costa y no tener derecho a ver el mar.
Debemos tomar en cuenta también que cada hotel que aumenta el estrés hídrico de la región porque el turista utiliza mucha agua, para bañarse, necesidades fisiológicas y preparación de alimentos. Esto no es baladí porque tanto la riviera maya como la zona de Los cabos están asentadas en regiones con recursos de agua potable limitados.

Pero, aún hay más. Inmobiliarias sin escrúpulos que por las buenas u otras vías deforestan (selva y destruyen manglares), construyen unidades habitacionales junto al mar y las venden extremadamente caras. Desde luego, a precios que no son para los habitantes del lugar ni para los de este país. Casi los únicos compradores son extranjeros. A tal punto que hay zonas en la riviera maya donde se detiene y consigna a una persona de piel morena. Porque los morenos no tienen nada que hacer ahí… a menos que sean servidumbre.

Además del ecosistema de narcotráfico, trata de personas para turismo sexual y un largo etc. de problemas que lleva el turismo a muchos lugares.

La pregunta es, ¿realmente hay que salvar este tipo de turismo? Ellos se escudan en que generan una derrama económica en la zona. Y es cierto, pero ese dinero cae en muy pocos bolsillos.

¿Este tipo de turismo es el que se quiere salvar? Creo que es el momento adecuado para replantearse el desarrollo económico de cada región. La economía de una región no debiera apoyarse en una sola actividad. Recordemos el caso del sargazo que paralizó el turismo del caribe mexicano. Si hubiera habido otra actividad económica el impacto económico no hubiera sido tan fuerte.
A mediano y largo plazo este tipo de turismo no es sostenible, por lo destructivo que es del medio ambiente y lo erosivo que es del tejido social.

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