La soledad COVID

En estos últimos días del 2020 los índices de contagios y fallecidos por COVID están al alza en todo el mundo. Todo el mundo sabe la causa, saben como protegerse, pero hay un conjunto importante de personas que no se cuidan. Puede ser por ignorancia, por un problema sicológico o quizá un problema cultural.

El aislarse lo más posible de los demás, es en principio, la forma más segura de contener la propagación del COVID-19. También está el uso de los cubrebocas o mascarillas, para la necesidad de salir por lo básico.
El aislamiento se practicó en la mayor parte del mundo con resultados varios. Desde los países de primer mundo como Alemania que reportó un éxito rotundo hasta USA y Brasil en el que los presidentes decían que no pasaba nada. De México… bueno, no por nada se nos da muy bien el surrealismo. Aunque para ser justos, en esta ocasión nos ganaron los gringos. Con su presidente por delante, argumentos religiosos, económicos y razones dadaístas; buena parte de la población se opuso al confinamiento y uso de cubrebocas.
Después de los férreos confinamientos en Europa, contrastados con las tragedias italiana y española, todo pareció mejorar conforme llegaba el verano. Desde luego, nunca faltan los médicos agoreros del desastre que avisaban de una segunda oleada y que no había que bajar la guardia.
Pero, no hay plazo que no se cumpla, la segunda ola de la pandemia llegó. Solo que ahora ahora el respeto al confinamiento ha sido testimonial, por todas partes. La cantidad de contagios y fallecimientos va en alza.

La situación contrasta con otra situación límite de nuestra sociedad. La Segunda Guerra Mundial. El estrés generado en la población civil (y obviamente en los soldados) por bombardeos, combates, hambre, privaciones, pérdidas humanas y materiales, riesgo de muerte, etc. no logró quebrar el ánimo de los pueblos. Los ingleses estuvieron en guerra de septiembre de 1939 a mayo de 1945. El pueblo soviético (unos 27 millones de muertos (casi la mitad de todos los muertos de la guerra)), desde junio de 1941 hasta mayo de 1945. Los alemanes desde marzo de 1938 hasta mayo de 1945. Unos siete años de guerra para Alemania, aunque si vemos el caso chino, el conflicto empezó en 1925 con guerra civil, en 1931 invaden los japoneses y termina hasta 1949 con la instauración del régimen comunista. No es excepcional, en el caso de Vietnam fue incluso más largo. Desde luego existen la guerra de los 30 años y la guerra de los cien años (115 en realidad) pero esos conflictos tuvieron diferencias muy significativas con los del siglo XX por lo que no los considero.

El punto es, ¿porqué pudo la población que vivió esos conflictos, soportar tanto tiempo de condiciones tan estresantes? La situación ahora es, al menos en apariencia, mucho menos agobiante.
Creo que la respuesta es simple, por lo mismo complicada de resolver. Somos una especie gregaria. El grupo ha sido la base del éxito de nuestra especie en la conquista del mundo. Si alguien del grupo pierde un ser querido hay algún otro que lo consuela, si un miembro del grupo es herido, otro lo cuida, si alguno no tiene comida, otro le comparte. Así ha sido siempre y ese contacto cercano que nos hermana en la desgracia y permite compartir las penas; se convierte en una trampa mortal en la situación presente.

Las personas salen de sus casas y se exponen al contagio porque para nosotros es muy importante sentirnos acompañados. Ese famoso solitario entre la multitud no está solo; aunque no tenga relación personal con la multitud anónima, la mera existencia de esa multitud es suficiente para que conserve la cordura.

Así pues, ese rasgo que permitió la creación de la civilización ahora se vuelve contra nosotros. Y paradójicamente, es el mismo que puede salvarnos otra vez, la vacuna. Porque además, la posibilidad de la vacuna proporciona al ser humano otra razón para vivir, la esperanza.
La elaboración de la moderna vacuna y su distribución a todo el mundo es una de las mayores hazañas que ha logrado el ser humano. Es el producto del trabajo de miles de profesionales en todo el mundo a lo largo de muchos años.
Así pues, cuando reciba su vacuna, estará recibiendo la solidaridad de los otros. De los otros que hicieron lo que nosotros no podemos, para que podamos vivir.

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