Uber, la distopía que nadie imaginó

En la literatura de ciencia ficción abundan las distopías. La gran mayoría, de algún modo, son opciones al apocalipsis. Es decir, no es el fin del mundo, pero eso no significa buenas noticias.
La mayoría de esas historias son para resaltar cierto rasgo negativo de nuestra sociedad y de nuestra humanidad. Para lograr eso y darle el toque fantasioso se exagera. Esa exageración la hace entretenida y que nos parezca muy improbable. Pero como decía el clásico, la realidad supera a la ficción, porque la ficción debe ser congruente.

La historia de Uber se puede encontrar en la red, es la historia de dos emprendedores que ya habían tenido un éxito discreto en el mundo de las start-up. Una tarde de invierno en París, tuvieron la idea de poder llamar un taxi con el celular. Con esto revolucionaron el mercado del transporte de personas en las grandes urbes.

El éxito de la empresa es innegable, de ser una simple idea a fines de 2008, ha pasado a ser una empresa que vale entre 60 y 70 mil millones de dólares. En el 2018 valía más que General Motors.

¿Por qué será? muy probablemente los fabricantes de automóviles no son muy inteligentes, compran terrenos enormes, maquinaria carísima, muchas materias primas, unas facturas de energía fabulosas y a los molestos trabajadores, sueldo, seguro, retiro, vacaciones, etc.
En cambio Uber no tiene trabajadores, no compra caros automóviles, no los mantiene, no paga salarios, no paga vacaciones, servicios médicos, seguros, pensiones y los impuestos son anecdóticos. En resumen, no está regulada. En España Uber está registrado como una app (no como una empresa de transporte) y en 2018 registró ante el fisco ganancias por €163,500 (unos 4 millones de pesos) y pagó €53,800 (poco más de un millón 300 mil pesos) de impuestos. Cabify tiene su sede en el estado norteamericano de Delaware, un paraíso fiscal. Y el pago de impuestos está acorde con cualquier paraíso fiscal que se precie de serlo. En México un conductor de Uber gana entre 8 mil y 12 mil pesos mensuales… trabajando entre 60 y 70 horas semanales (datos de 2019). No se aclara si esta ganancia es limpia o falta pagar impuestos y los gastos del auto, además de ahorrar para cambiar la unidad. Las ganancias de los repartidores de comida son inferiores, de 6 mil a 7 mil pesos mensuales (también datos de 2019), pero tienen que pedalear hasta 50 horas semanales. Agregando que las repartidoras se quejan de acoso, desde el que da la comida, hasta el que la recibe.
Visto lo visto, creo que para que sean socios de verdad; Uber y sus “socios”. Uber debería correr con la mitad del coste del auto, bicicleta o motocicleta y la mitad de los gastos de mantenimiento. O darles parte de las acciones de la empresa, con sus respectivas utilidades. De otro modo, decir que son socios, es un chiste de mal gusto.
Porque además, de acuerdo a las letras chiquitas, las empresas de economía colaborativa solo ponen en contacto a dos particulares. Lo que pase entre ellos es cosa de ellos, sea lo que sea. Estas empresas se deslindan de todo, excepto de su ganancia, esa es sagrada.

Las empresas de economía colaborativa del transporte, han usado como un fuerte argumento a su favor la seguridad del viajero. Pero incluso en casos de violación o asesinato, las empresas se han desligado de cualquier responsabilidad. Por lo que el usuario debería asegurarse si es real esa seguridad o solo un recurso de marketing.

Otro logro de la economía colaborativa es que no tienen que recurrir a la deslocalización para pagar a sus “socios” cantidades de sobrevivencia, pagan eso en cualquier lugar. La economía colaborativa ha generado situaciones en las que nadie pensó inicialmente. Airbnb provocó el alza de los alquileres en zonas de las ciudades donde opera. Hasta dos o tres veces el alquiler promedio de la zona. Dejando zonas de las ciudades con muy pocos vecinos permanentes y a la industria hotelera formal en problemas. Además de situaciones muy barrocas, como la del arrendatario que alquila a su vez el inmueble (en el mismo Airbnb) por una cantidad muy superior. Airbnb asume su irresponsabilidad en todos los casos y dice que ellos no tienen nada que ver ni hacer en el problema. Esto ha llevado a que Amsterdam prohiba Airbnb en el centro de la ciudad. Las autoridades de Madrid y Barcelona lo han limitado mucho y Berlín lo prohibió. La nueva legislación de la ciudad de Berlín dice: «La disponibilidad de viviendas a precios asequibles se ve gravemente amenazada en toda la ciudad de Berlín y la regulación está justificada”. A pesar de eso, posteriormente las autoridades berlinesas permitieron que siguiera funcionando la plataforma, pero con restricciones.

En resumen, Uber, Cabify, Didi y etc, son el pináculo del neoliberalismo. Tienen cientos de miles de personas trabajando para ellos alrededor del mundo bajo unas condiciones… que hasta los dueños de esclavos quedarían asombrados. El dueño de los esclavos tenía muchos gastos; si bien es cierto que los esclavos le producían riqueza a su propietario, esa propiedad humana implicaba gastos. Además de la compra del esclavo, comida, casa, médico, etc. Uber eliminó todo eso, solo quedan las ganancias. Airbnb ha generado ganancias enormes para ellos también y problemas en las ciudades donde opera, desentendiéndose de los mismos.
Dicho de otra manera, Uber y las empresas que lo siguieron, no encontraron un nicho de mercado, encontraron un hoyo en las leyes laborales, fiscales y de arrendamiento. Además de millones de personas en una situación tal de precariedad económica (forjada en los regímenes neoliberales) que lo vieron como su tabla salvadora.

En marzo de 2021 los conductores de Uber ganaron un juicio en Gran Bretaña. Obtuvieron reconocimiento de trabajadores, salario mínimo, pago de cotizaciones para pensión. A pesar del Brexit es de esperar que la UE tome en cuenta el fallo a favor de los trabajadores. En el resto del mundo, poco a poco los trabajadores de Uber, similares y conexos se van organizando para para obtener, de entrada, el status de trabajador y los derechos laborales que les corresponden. También se espera que este tipo de empresas, cumpla las obligaciones que tiene, no solo hacia sus trabajadores, también ante el resto de la sociedad pagando sus impuestos. Porque quien les da esas ganancias es la sociedad (ese dinero no sale de la nada como para que digan: “lo hice yo solito”) y no hay una retribución equivalente a la sociedad de parte de estas empresas.

Deja un comentario