
En unos días celebramos elecciones para renovar el congreso. En este punto, la competencia de propaganda visible y encubierta está en su máximo. El INE con su controvertido consejero presidente no necesita enemigos, pero todos los días sale a buscar uno más. Los partidos no solo están partidos, están desaparecidos, solo quedan logotipos y personalidades aventureras que buscan poder y dinero. Particulares sin filiación política, que le hacen propaganda al único partido que queda (y ese no está partido) de los privilegiados de forbes. Todo esto aderezado con una cantidad impresionante de candidatos (de todas filiaciones políticas) que dejaron este mundo como muestra de que el crimen organizado tiene sus candidatos y vota por ellos muy a su manera (con voz de Sinatra). Sin olvidar jueces que le dan fast track a amparos para detener toda clase de reformas capitales para el futuro inmediato y a mediano plazo del país.
No deja de ser paradójico que todas esas muestras de poder político y económico y que saben que quieren, buscan ser refrendados por el voto popular, por el voto del que no tiene poder ni dinero.
¿Cómo hemos llegado a eso?
Bueno, nuestro sistema político es un reflejo de la sociedad que tenemos. La sociedad mexicana saltó de la tierra de los tlatoani, caciques, comenderos, virreyes, hacendados, capataces, intentos de emperadores, héroes liberales, dictadores y caudillos revolucionarios a la tierra de la libertad, la igualdad y el voto. Ni aterrizando en marte nos hubiéramos sentido más desubicados.
De los 30 siglos de historia de estas tierras, llevamos dos (o uno, como quieran contar) en la era de la democracia. Desde luego, una democracia muy nuestra.
Haciendo una historia rápida y arbitraria podemos decir que después de la independencia tomamos como modelo a la joven democracia norteamericana. Que sin ser perfecta, funcionaba razonablemente bien. Ahora bien, había algunas diferencias entre los primos del norte y nosotros. Ellos formaban una sociedad mucho más homogénea culturalmente que la nuestra. Un nivel educativo muchísimo mayor. De acuerdo con Barry Dean Simpson a fines del siglo XIX USA tenía un nivel de alfabetización cercano al 90%. Además, los habitantes de la ex-colonia inglesa tenían práctica en la democracia. Aunque Gran Bretaña es una monarquía, tiene dos cámaras, una de ellas la de los comunes (diputados) existe desde el siglo XIV y sus miembros lo son por elección. Desde luego, además del voto, no tenía mucho parecido con nuestra democracia. Lo importante es que el concepto de votar por los representantes no era ajeno y todos lo respetaban.
Durante nuestro primer siglo de libertad, la forma más popular de votar era con las bayonetas en los cuartelazos. Además de varias intervenciones extranjeras, guerras religiosas, carismáticos caudillos que vendían pedazos del país, líderes conservadores que buscaban una monarquía absolutista con un rey de ojos azules, una hacienda permanentemente sin dinero, todos los medios de producción (con la casi única excepción de la minería (pero en manos de compañías extranjeras)), pobreza galopante y un largo etc. Llama la atención que el país lograra sobrevivir a esa época.
Obviamente, la democracia era muy limitada. Para que se de una idea, en 1829 tuvimos de presidentes a: Pedro Vélez, José María Bocanegra, Vicente Guerrero, Anastasio Bustamante, Pedro Vélez (de nuez y pasas) y José María Bocanegra (tomó bicarbonato).
Los cuartelazos y planes de todo tipo se dieron desde el momento en que el país alcanzó su independencia. En muchas ocasiones tuvieron éxito tomaban el poder por sus pistolas, literal.
No fue hasta la presidencia de Juárez que se logró cierta estabilidad. Esta estabilidad tiene su origen en que el gobierno juarista resistió todos los intentos de tomar el poder por las armas. Al morir Juárez sube a la presidencia Sebastián Lerdo de Tejada. Lerdo hace una buena gestión pero quiere reelegirse también y eso genera otro levantamiento. El plan de Tuxtepec, que termina en que José María Iglesias queda como presidente interino mientras el general Porfirio Díaz nombra presidente a un honorable Yucateco y liberal, Juan Nepomuceno Méndez, que deja un buen recuerdo en el cargo. A partir de este momento comienza la era de Don Porfirio Díaz.
Cabe señalar que toda moneda tiene dos caras, el lado positivo de este caos durante el siglo XIX es que se rompió totalmente el sistema social de la colonia. Vale la pena recuperar el testimonio de Don Porfirio Díaz: “Nací en la ciudad de Oaxaca el 15 de septiembre de 1830. Mi padre fue José Faustino Díaz y mi madre Petrona Mori. Aunque de origen español, mi padre era de los que llamamos raza criolla y mi madre tenía encima media sangre india de raza mixteca”.
En el sistema de castas colonial, era impensable que alguien con esos orígenes llegara a ser algo más que un burócrata de medio pelo.
Hemos recorrido un largo camino y debemos ser consientes de eso.
Don Porfirio gana las elecciones de 1976 y tenemos un período de paz de unos 30 años. Aunque todo el final del siglo XIX estuvo jalonado de intentos de tomar el poder por las armas. Don Porfirio y los fusilamientos lograron evitar que la democracia fuera interrumpida. El precio de la paz, la industrialización y la mejora en el nivel de vida de una pequeña parte de la población fue una dictadura, una de verdad. Despojo de tierras, esclavización de pueblos indígenas, sueldos miserables y pésimas condiciones laborales en la industria. A partir de 1900 comienza un declive económico (para todos) que pone las condiciones para el inicio de la Revolución Mexicana.
La revolución plantea un problema democrático interesante. Fue un cambio de gobierno por medio de las armas. Pero el movimiento fue apoyado por todas las fuerzas políticas. ¿Acaso no fue democrático?
Al terminar la revolución iniciamos el período conocido como “El México moderno”. La facción ganadora de la revolución se enquistó en el poder transformada en partido político y perduró así hasta el fin de siglo.
Hay que reconocer que los vencedores de la revolución no se durmieron en sus laureles. Hubo un interés genuino en mejorar la situación del país. Recibieron el país completamente destruido después de 10 años de guerra civil. Todo estaba por hacerse, sin embargo fue uno de los períodos más luminosos de México. Fue la época de Diego Rivera, José Clemente Orozco, del Dr. Atl, de José Vasconcelos, de Octavio Paz, de Lázaro Cárdenas, de tantos otros que florecieron en el régimen resultante de la revolución. A tal punto que en los años sesenta se le conoció como el “milagro mexicano”. Como dato para la trivia, Reino Unido estaba en grave crisis económica y se hizo un crédito para salvar su economía. Las monedas que se usaron fueron el dólar, el franco suizo y el peso mexicano.
¿Fué democrático ese período? Si, se celebraron elecciones. No hubo cuartelazos, no hubo reelecciones, había partidos políticos, había un congreso con cámara de senadores y otra de diputados. Hubo libertad de credo religioso, algo similar a la libertad de prensa, etc. Técnicamente si hubo democracia, pero… Vargas Llosa llamó a este período: “la dictadura perfecta”…¿qué falló? ¿O es que Vargas Llosa tiene el poder de decidir sobre lo que conviene a los pueblos? Seguramente los pueblos no saben lo que quieren y un intelectual debe mostrarles la luz.
A pesar de la represión política, se fue afianzando una incipiente democracia… de un solo partido. La oposición era testimonial. En buena medida porque con su buen hacer, el PRI tenía una base real de soporte. Por otro lado la oposición tanto a derecha como izquierda estaban bastante alejadas del centro.
A principios de los años setenta todo parecía tricolor en el futuro de México.
Puede parecer extraño a los jóvenes de ahora. Acostumbrados por 36 neoliberales años, a pensar que el futuro luminoso y de la abundancia está a unas cuantas subidas más de la bolsa y entregar más territorio a las mineras para que lo destruyan.
Pero en 1970 México estaba en su mejor momento desde 1810… y no ha estado nunca mejor en su historia, a pesar de las letras chiquitas.
