¿Trampa china o colonialismo posmoderno?

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Desde que comenzó la era de la exploración europea, con Portugal, en el siglo XV; la cultura occidental ha entrado en conflicto con los pueblos que ya habitaban esas tierras. Esta proclividad a la violencia, no es que sea exclusiva de los europeos. Tenemos referencias a grandes conflictos humanos desde antes que empezara la historia escrita, como la epopeya de Gilgamesh o la Ilíada.

En todos estos conflictos había dos bandos perfectamente diferenciados. Griegos y troyanos, romanos y galos, españoles e indígenas americanos, indios e ingleses, españoles e ingleses, franceses y rusos, nazis y soviéticos, soviéticos y norteamericanos. En fin, quizá estoy simplificando un poco, pero el punto es que ambos contendientes podían atacar libremente al contrario. No solo sus ejércitos, también los recursos que lo sustentaban.
En cierto sentido era parecido a un encuentro de ajedrez, había piezas blancas y negras sin posibilidad de equivocarse. Incluso durante la Guerra fría, el aislamiento de la URSS propició que se le pudiera atacar económicamente sin que hubiera consecuencias del lado de la OTAN. Con la globalización esto cambió, mucho o poco, dependiendo de quien era el atacado. Cuando USA y la UE decretan sanciones económicas contra Rusia por la toma de la península de Crimea ocurren efectos colaterales que no esperaban. Dadas las relaciones comerciales entre la UE y Rusia, las sanciones económicas golpearon de forma significativa a los agricultores europeos y muchos acuerdos industriales y comerciales entre empresas de uno y otro lado fueron suspendidos con las consecuentes pérdidas para otros lados.

Efectos colaterales dirán unos, consecuencias imprevistas dirá otros. Pero, ¿puede ser un plan deliberado de conquista?

Vamos a julio de 1971, el secretario de Estado, Henry Kissinger hace un viaje secreto a China en el cual sienta las bases para el inicio de relaciones diplomáticas y comerciales entre la China comunista y USA. En 1972 Nixon logra acuerdos en cuanto a la guerra de Vietnam, la amenza japonesa que aún sentía China, Taiwán, etc.
Estos acuerdos con China, se veían como una jugada maestra de geopolítica de Kissinger al arrebatarle un aliado (bastante distanciado en esos momentos) a la URSS. Quizá nadie lo pensaba en ese momento, pero en un futuro cercano, estos acuerdos moldearían el futuro económico y geopolítico del mundo durante al menos la primera mitad del siglo XXI.

Al morir Mao Zedong en 1976, se inicia una segunda revolución en China. Una facción del partido comunista liderada por Den Xiaoping inicia la liberalización de la economía, corrige los errores de la Revolución cultural, impulsa la ciencia y la tecnología y posibilita el nacimiento de muchas industrias nacionales. Se crea una serie de zonas económicas especiales para la inversión extranjera. En este punto hay que detenerse un poco.
El atraso chino en casi todo era abismal, la ciencia y la tecnología moderna brillaba por su ausencia. ¿Cómo ponerse al día lo más rápidamente posible? Hicieron varias cosas, por un lado buscaron atraer industria de tecnología punta en todas las ramas posibles, electrónica, metalurgia, plásticos, metal mecánica, robótica, automotriz, aeronáutica, óptica, naviera, defensa, etc. El detalle fino (el diablo está en los detalles) es que se exigió transferencia de conocimientos y know-how. Esos conocimientos se fueron transfiriendo a la industria nacional. Esta industria con costos de operación muy bajos inundaron el mercado de baratijas extremadamente baratas. Posteriormente fue con telas, ropa y herramientas. Aquí comenzó el verdadero ascenso. En muy poco tiempo los chinos adquirieron las habilidades para fabricar insumos cada vez más complejos a precios muy bajos que vendieron por todo el mundo.
Esto tuvo un efecto destructivo por todo el mundo en distintas formas. Por un lado destruyó muchas industrias en países no desarrollados al ofrecer productos, no de gran calidad, pero a precios con los que la industria local no podía competir. En los países desarrollados el efecto también fue destructivo. Estos países se desindustrializaron voluntariamente. Gran parte de las industrias capitalistas dejaron a los trabajadores de sus países de origen sin empleo.

Visto a la distancia uno puede pensar que no fue planeado. Sin embargo, el efecto sobre la industria de USA, fue mas devastador que los bombardeos estratégicos contra la industria de la Alemania nazi.

Obama no pudo idear una estrategia para evitar el ascenso de China, Trump se dio cuenta de la desindustrialización del país. Pero no pudo hacer gran cosa porque al tratar de llevar la industria de regreso a norteamérica, las empresas no quieren perder los jugosos márgenes de ganancia que obtienen en China. Lo mismo con industrias europeas y japonesas.

De cualquier forma, el daño está hecho. No hay forma de sancionar a China sin que esas sanciones se reviertan a occidente. Más aún, China es el principal tenedor de Bonos del tesoro estadounidense. Puede quebrar la economía mundial, es como un arma termonuclear financiera. No es para usarse, es para intimidar.

En este momento China se está portando ya como un imperio que reclama su espacio, está construyendo islas artificiales en el Mar meridional de China y reclamando como aguas territoriales las aguas alrededor de tales islas… aunque estén en mares territoriales de otros países. China tiene una marina que aún no puede competir con la marina norteamericana, pero no lo necesita. Al menos por ahora. China ha logrado gran influencia en los países africanos merced a acuerdos económicos significativamente menos leoninos que los de occidente. Al mismo tiempo está en la carrera por los depósitos de hielo en el polo sur de la Luna.

Podemos decir, que China está colonizando el mundo entero. De una manera que quizá nadie imaginó que pudiera salir tan bien.
Aunque ningún país occidental es una colonia china, se ha hecho una transferencia de riqueza desde todo el mundo hacia China. Todo ese crecimiento económico de China en los últimos cuarenta años era la producción económica de buena parte del mundo. Una riqueza que los países que la perdieron, la cedieron voluntariamente. Una especie de colonialismo posmoderno.

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