
En varias ocasiones de la historia humana han aparecido “fiebres del oro”. Es decir, oportunidades mas o menos reales de obtener una gran fortuna en poco tiempo y con inversión mínima. Esas oportunidades han tenido diversos rostros como la emigración, el inicio de una empresa informática en los 80’s o la aparición de oro en cantidades inusuales (que dio origen al término) de fácil explotación. Son situaciones inusuales, ciertamente, pero quizá la mas sui géneris es hacer minería en el espacio exterior.
A priori parece una idea descabellada dado que se trata de hacer dinero a partir de una inversión pequeña. Sin embargo, si se revisa el precio de un boleto para un viaje sub orbital, no parece la mejor idea para obtener dinero.
En abril de 2012 apareció en el mapa de modo un poco sorpresivo una “star up” que que parecía surgida de alguna novela de ciencia ficción.
La empresa en cuestión era, Planetary Resources. En una espectacular conferencia de prensa anunció que su objetivo era “desarrollar una industria robótica de minería en asteroides”. Como argumento de respaldo dio a conocer el nombre de algunos de sus principales inversores, Larry Page y Erick Schmidt, ejecutivos de Google, el director de cine James Cameron y un hijo del millonario Ross Perot. Además, al frente de todo, uno de los fundadores del X Prize, Peter Diamandis. Este, en particular, enfatizó que en el espacio extraterrestre abundan los recursos minerales, los bienes raíces y la energía. Resaltando la minería en asteroides como fuente de una extraordinaria riqueza.
Al año siguiente surgió la empresa Deep Space Resources con el mismo objetivo y en 2016 nació Asteroid Mining Corporation.
La idea de obtener recursos naturales del espacio no es nueva; ya en 1898 el astrónomo y escritor Garrett P. Servis escribió una novela, Edison conquista Marte. Una no muy afortunada secuela de La Guerra de los Mundos. En esta historia, Garret habla de la obtención de recursos minerales a partir de los asteroides entre Marte y Júpiter.
La idea quedó detenida hasta el gran éxito del programa Apollo. En los años setentas del siglo pasado se dieron gran cantidad de especulaciones acerca la exploración y colonización, no solo del sistema solar, incluso de la galaxia. La imaginación de algunos se desbordó, como la del profesor O’neill que soñó con gigantescos cilindros-naves, que albergarían miles de personas en viajes a través de la galaxia. Con este clima favorable a la expansión humana hacia el Cosmos, se planteó la necesidad de conseguir recursos naturales fuera del planeta dado que estos son finitos. A pesar de los pocos conocimientos sobre la naturaleza de los asteroides, se les vio como fuente natural de la materia prima necesaria para colonizar el Sistema Solar.
El siguiente gran hito en la misma línea, fue la publicación del libro: Minería en el cielo, riquezas no reveladas. De los asteroides a los cometas y planetas.
El autor fue John S. Lewis, profesor emérito de ciencias planetarias de la Universidad de Arizona. Con la recomendación de su rango académico, Lewis pone precio (literal) a las riquezas minerales del Sistema Solar. Toma el asteroide metálico más pequeño conocido, 3554 Amun y le pone precio. Con un diámetro de 2 kilómetros y una masa de 30,000,000,000 t (treinta mil millones de toneladas). Le asigna un valor de 8 millones de millones de dólares por el hierro y el níquel que lo forman. 6 millones de millones por el cobalto y otros 6 millones de millones (en dólares de 1997) por los metales del grupo del platino (platino, osmio, rutenio, paladio, rodio e iridio). Además especula acerca de los beneficios de usar esos recursos en nuestro planeta y como parte de la colonización del Sistema Solar. Desde luego, el balance que hace es muy positivo en el plano económico.
Así las cosas, llega la rueda de prensa de Planetary Resources en abril de 2012 y se hace un anuncio muy ambicioso prometiendo enormes riquezas.
En este punto, surge la pregunta ¿Es realmente posible la explotación de los recursos minerales de los asteroides en un futuro cercano?
No tenemos un punto de referencia directo para dar una respuesta contundente, pero podemos revisar lo que se ha hecho en un pasado cercano en materia de exploración espacial.
Vale la pena recordar un poco la historia de la carrera a la Luna en los años 60’s entre Estados Unidos y la URSS.
El 12 de septiembre de 1962, presidente Kennedy pronunció su célebre discurso en el que comprometía a su país a alcanzar la Luna primero que nadie. En aquella época se vio como un gran reto, pero en realidad, era una apuesta segura. Así era porque ya existía toda la ciencia y tecnología básica, una infraestructura administrativa, no había límites para los gastos y un norteamericano ya había orbitado la Tierra.
Se puede decir que hay un cierto paralelismo entre el 12 de septiembre de 1962 y el 24 de abril de 2012. Ya existe la tecnología base para recorrer el Sistema Solar. Aunque no se ha hecho minería fuera de nuestro planeta. Pero en principio, no se ve ningún obstáculo técnico insalvable que impida desarrollar equipo industrial para hacer minería en los asteroides.
Hasta aquí los paralelismos. En la “carrera a la Luna”, nunca hubo beneficios económicos en mente y la billetera de la nación más rica del orbe se abrió sin restricciones para el programa espacial.
Todo se reducía a llegar primero que nadie a la Luna.
En la explotación minera en los asteroides, el único objetivo el beneficio económico. Pero justamente, el objetivo pone en entredicho la viabilidad del proyecto. Entre los puntos mas destacados en contra, se tiene que no hay un mercado “natural” para los productos de la minería espacial. Enviar a la Tierra el producto de la minería en los asteroides cuesta tanto dinero como enviar los equipos de la Tierra a los asteroides. Algunos objetarán que la masificación del auto eléctrico hará indispensable la minería espacial. La razón sería el uso elevado de tierras raras y cobre que se utilizan en la construcción de dichos autos. Se puede decir que la masificación del auto eléctrico es un sin sentido. En el mundo existen unos 4 mil millones de vehículos automotores. El sueño de la industria automotriz es reemplazarlos por vehículos eléctricos, pero, ¿es necesario? Imagine la cantidad de gases de efecto invernadero que producirá la fabricación de todos esos automotores. Adivinó, la transición energética no aliviará los problemas medioambientales de nuestra civilización. Pero dejará ganancias enormes para algunos.
Regresando del soliloquio, el desarrollo de la tecnología necesaria para la explotación de los recursos mineros sería extremadamente caro. Los entusiastas de la minería espacial argumentan que los robots harían casi todo el trabajo. Pero si uno piensa un poco en las condiciones de vacío, ingravidez, polvo, lejanía, fuentes de energía, mantenimiento y todo lo que falta; se llega a la conclusión de que si bien será factible fabricar estas máquinas, no será rápido, fácil, ni barato. Además hay que llevarlas hasta el lugar de operación.
En el caso de las misiones espaciales de exploración, uno de los ingredientes de la emoción que producen, es que los aparatos son prototipos, ejemplares únicos que pueden no funcionar porque casi siempre son aparatos no probados. En el caso de la minería en lugares tan inaccesibles la maquinaria tendría que estar probada en todas las condiciones imaginables y un nivel máximo de optimización, los fallos no serían admisibles, costarían mucho dinero. Veamos algunos otros aspectos del problema.
En la explotación minera, el agua (en cantidades enormes) es un ingrediente vital para separar el mineral valioso de lo que no es necesario. Aunque se sabe que hay agua en algunos asteroides, la cantidad es desconocida y su obtención no necesariamente es fácil ni barata. El agua tendría que ser reciclada totalmente. Eso pone un serio handicap a la empresa. La minería es una de las industrias más contaminantes del agua. La industria minera terrestre no recicla el agua usada porque el coste es prohibitivo. En el espacio sería una condición obligada. Pero elevaría aún mas los costos y el reciclaje seguramente dependería de productos procedentes de la industria terrestre, es decir, muy caros.
En el aspecto de oferta y demanda el problema es muy simple. La producción mundial anual de platino es de unos 200 kg. Si llega del espacio un cargamento de una tonelada, el valor del platino se hunde. Sin contar que aunque, abundante el cargamento, seguramente cada kilo de platino de origen espacial costó mucho más que el extraído en la Tierra. Además, la industria no va a consumir más platino por el solo hecho de que hay más. Este es el caso de todos los minerales estratégicos en nuestro planeta. Su escasez es la que los hace valiosos. En el caso del hierro, aquí es muy barato, es decir, abundante. No vale la pena su explotación extraterrestre y traerlo a la Tierra.
En el plano legal hay una gran libertad de acción, es decir, no hay leyes, bueno, casi. Una consecuencia de la carrera espacial del siglo pasado, fue el Tratado del Espacio Ultraterrestre (1967). Del cual son signatarios 96 naciones que lo han ratificado y adicionalmente otras 27 lo han firmado. En el se establece que el espacio exterior queda como “provincia de la humanidad”, pero permite su exploración, y usufructo. Sin embargo prohibe expresamente la propiedad.
Sin embargo, en 2015 durante el mandato de Barack, Obama, Estados Unidos emite el “Acta del espacio de 2015” en la cual se establece el derecho de los ciudadanos estadounidenses a explotar el espacio y la propiedad de la explotación. En abril de 2020 El presidente Donald Trump firma una orden ejecutiva en la que se establece, que los Estados Unidos no reconocen el espacio como propiedad global común. Esta ley establece que las empresas nacionales (Estadounidenses) pueden explotar recursos minerales en el espacio quedando amparados por el Estado.
En 2016 Luxemburgo aprueba una ley que confiere la propiedad de una explotación comercial del espacio a cualquier particular que tenga un domicilio fiscal en el Gran Ducado. Es decir, hay un Estado que ampara con sus leyes al particular. Además el mismo gobierno promueve una asociación empresarial de compañías que pretenden hacer minería espacial. Según datos del gobierno luxemburgués (año 2018), hay 30 empresas en el rubro de minería espacial, con 700 empleados cuyo flujo de negocios mueve 2 mil millones de euros. Al parecer grandes ganancias y sin haber traído ni una piedra del espacio.
En este punto, dadas las cifras que publica Luxemburgo, cabe preguntarse por el sospechoso silencio de los gigantes de la industria aeroespacial. Estos gigantes, en principio, tienen los recursos, el know how para hacer minería espacial y la ambición por ganancias enormes. Sin embargo, jamás han dicho nada sobre hacer minería en los asteroides del Sistema Solar. Por algo será.
Para las personas alejadas de la tecnología espacial es difícil hacer una evaluación objetiva del tema. Dado que se desconocen muchas de las variables involucradas. Pero es posible hacer una comparación con las misiones de exploración espacial que ya se han hecho y algunas que están en curso.
-La misión Hayabusa 2 de Japón regresó con 5.1 gramos de material del asteroide 162173 Ryugu. El costo de la misión fue de 270 millones de dólares.
-La misión OSIRIS-REX tiene un costo de mil millones de dólares para obtener una muestra de 1 kg del asteroide 101955 Bennu, en el más optimista de los casos.
-El programa Apollo costó cerca de 30 mil millones de dólares de la época, unos 150 mil millones ajustados a la inflación.
-La construcción de la Estación Espacial Internacional ha costado unos 100 mil millones de dólares, tiene una masa de poco mas de 400 toneladas y su construcción ha demorado unos 30 años.
Cabe hacer la distinción de que en la estación espacial, salvo el módulo inflable Bigelow, la tecnología ya era conocida, no hay desarrollos radicalmente nuevos.
Estos ejemplos, dan idea del esfuerzo técnico y económico necesario para acceder a muestras minúsculas de los asteroides. Esto hace que, aunque la actividad de hacer minería en los asteroides sea técnicamente factible. El costo, sería muy superior a la posible ganancia económica.
De las tres empresas más mediáticas que nacieron la década pasada con el objetivo manifiesto de explotar los asteroides solo sobrevive Asteroid Mining Corporation. Tanto Planetary Resources como Deep Space Industrias fueron compradas por empresas que se dedican a otras cosas y cesaron su actividad. Visto lo anterior, parece que la estrategia de negocio de Asteroid Mining Corporation es inflarse. Lo suficiente para atraer a un comprador dispuesto a desembolsar una cantidad obscena de dinero por un logotipo. Al menos por ahora, la minería de los recursos del espacio exterior sigue perteneciendo al ámbito de la ciencia ficción. La razón es muy simple, nadie la necesita en este momento.
Juan Loera Albarrán
