
En unos días se define la presidencia francesa. Por segunda vez la final será Macron – Le Pen.
A Macron lo definen como un socialdemócrata de manual. No es sorpresa, por lo tanto, que entre los manifestantes de los chalecos amarillos hubo 8400 detenidos, 1800 fueron condenadas con 316 penas de cárcel, 410 personas heridas de gravedad por la policía. De estas, 183 fueron heridas en la cabeza, 19 perdieron un ojo y 5 perdieron la mano. Nada mal para un socialdemócrata de manual. Digamos que con Macron ya sabemos de que lado masca la iguana.
¿Podrá llegar Le Pen esta vez al palacio del Elíseo? Hasta 2021 fue presidente del partido, ahora llamado, Agrupación Nacional, antes conocido como Frente Nacional.
El Frente Nacional fue fundado por Jean-Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen. Partido nacionalista pero con un tufo muy fuerte de ultraderecha. Agrupación que sorpresivamente ha ido escalando posiciones en las preferencias del electorado francés, en muy poco tiempo. De hecho, es la tercera vez consecutiva que llega a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Casi nada.
Marine Le Pen inició su vida política en el Frente Nacional, dirigido por su padre, en 1986. Ha ocupado diversos puestos en el partido, escalando desde los mas modestos y ha ganado elecciones locales como consejera regional, alcaldesa de la Hénin-Beaumont y eurodiputada. Es decir, es una política con experiencia que ha sabido salir de la sombra de su padre. En 2011 asumió la presidencia del Frente Nacional después de ganar las elecciones internas a Bruno Gollnisch.
A partir de ese momento se inició una transformación del Frente Nacional que incluyó un cambio de nombre a Agrupación Nacional. Se ha desmarcado de los extremismos de derecha que caracterizaron a su padre, llegando incluso a expulsarlo del partido. Asimismo se ha reconciliado con la comunidad judía y ha invocado a De Gaulle en varias ocasiones. El expresidente francés Sarkosy la ha acusado de ser de ultraizquierda por su programa social, su apoyo a SYRIZA en las elecciones de 2015 y se distanció de Hillary Clinton en las elecciones norteamericanas de 2016 declarando que “la elección de Hillary Clinton sería lo peor que podía pasarle a Francia”. Ha criticado la sumisión de Hollande y Sarkosy al FMI, BCE y Banco Mundial.
Pero… en el fondo, ¿cuál es el atractivo real de Le Pen como candidata? La misma pregunta puede hacerse del candidato de la izquierda Jean-Luc Mélenchon. Entre Le Pen y Mélenchon reunieron algo mas del 40% de los votos de la primera vuelta de elecciones. Si juntamos los votos del resto de los opositores, Macron no obtuvo ni 3 de cada 10 votos. Y los dos partidos que obtuvieron más votos son bastante recientes (el partido de Macron también es reciente, pero lo hicieron los Rotchild (al menos eso se dice en el bajo mundo de la política)). En el caso de Mélenchon su planteamiento fue novedoso. Se desmarcó de la izquierda tradicional, que se ha ido mimetizando poco a poco con el neoliberalismo ortodoxo y planteó los cambios radicales al Estado.
En este punto se puede recordar la frase de un analista norteamericano después de la victoria de Trump como presidente. “Ganó por los votos del trumpenproletariado”. Frase certera. El neoliberalismo ha dejado en USA 140 millones de pobres. Es decir, desde personas que tienen problemas para llegar al final de la quincena hasta personas que no saben si comerán hoy. En USA se generalizado el fenómeno de personas que viven en su coche. Además de que las carpas de los homeless se han multiplicado. Lo curioso del fenómeno es que muchos de esos homeless y de los que viven en su coche son universitarios y tienen trabajo. Pero el salario no alcanza ni para pagar el alquiler de un pinche departamento por pinche que esté. El sueño americano se ha convertido en pesadilla.
En la zona euro, el otrora Estado del bienestar también se ha transformado. Usted puede ver a los homeless en la calle bien vestidos, comiendo en restaurantes y comprando en las tiendas (son personas que tienen trabajo). Pero en la noche se meten subrepticiamente al alcantarillado u otras instalaciones de la municipalidad y ahí pasan la noche. Al día siguiente, vuelven a esconder sus cosas, se arreglan lo mejor que pueden y salen a la calle. Evidentemente no pueden pagar un alquiler.
Cuando se pregunta a los políticos y economistas liberales (el nombre es un oxímoron, son mas ortodoxos que Torquemada) que se puede hacer, responden que nada. Que vivimos en el mejor mundo posible y que cualquier cambio llevará al apocalipsis. El cielo se caerá en pedazos, por lo tanto es mejor apretarse el cinturón (¿cuál si ni para eso alcanza?) y aguantar. Me pregunto si eso le dicen también a los de la lista de Forbes.
Entonces llegan políticos que dicen que hay otros caminos, que se puede mejorar el nivel de vida, que se puede ganar mejor. Que lo único constante es el cambio.
Debemos estar consientes que somos producto de nuestra época. En este caso, la izquierda a la que estamos acostumbrados en la que generó después de la Segunda Guerra Mundial. Con sus particularidades locales y sus características muy propias y producto de sus circunstancias. Ahora las cosas han cambiado, ya no hay una referencia (la URSS) para la izquierda tradicional, esto la ha hecho vagar sin rumbo (cual zombi que ya es) y con la esperanza de ganar votos se ha mimetizado con los neoliberales (que yo no diría que son capitalistas). Eso ha hecho que salga un nuevo tipo de “izquierda” ( a falta de un apelativo mejor). Que nos puede parecer contradictorio porque no son como la izquierda “de antes”. También la nueva “izquierda” es producto de su circunstancia y de la nueva fase de la guerra de clases. Al respecto, Warren Buffett ha dicho poco antes de la pandemia que la guerra de clases si existe y que su clase (los billonarios) la están ganando.
Así pues, en unos días el pueblo francés votará nuevo presidente. La moneda está en el aire, pero como dice el profeta: Lo único permanente es el cambio. Para bien y para mal.
Juan Loera Albarrán
