Kafkiano, como la vida misma.

En una entrevista a José Luis Cuevas hace ya bastantes años; comentó que algunos amigos y él no decían México. Ellos decían Kafkahuamilpa. Afirmaba que si Kafka hubiera nacido en México, se le consideraría un escritor costumbrista.

El chiste tiene fondo. La realidad mexicana es muy extraña a veces. Pero no es propietaria exclusiva del kafkianismo. Cuando una obra trasciende los límites de la sociedad en la que se crea, y pasa a formar parte del bien cultural común de la humanidad. Es porque esta obra toca algo común a la cultura humana.

Los rasgos más conspicuos de la obra de Kafka son dos: Situaciones muy extrañas en las que pueden suceder las cosas más terribles. El segundo rasgo que hace que la anterior característica sea aún más terrible, es que las cosas ocurren sin un motivo. Simplemente suceden.

De pronto, a alguien le sucede un accidente y pierde la pierna, la vida, la familia o cualquier otra cosa. Me refiero a pérdidas graves, sin un motivo. Eso está lejos del castigo por las malas acciones. Casi siempre los malos mueren en su cama, acompañados por sus seres queridos.

La vida es injusta, decía alguien por ahí. Quizá no sea cierto porque para que algo sea justo o injusto es porque hay alguien consciente que comete la injusticia. En este caso, en el caso de todos, en el caso kafkiano. Las cosas suceden porque sí, así es la vida.

Juan Loera Albarrán

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