
El gambito, es una jugada de ajedrez en la cual uno de los jugadores; de forma aparentemente descuidada ofrece una pieza valiosa al adversario. Usualmente es la reina o dama. La reina es la pieza más potente del arsenal ajedrezístico. Esto hace que el oponente que acepta la pieza pierda una posición estratégica en el tablero. Esto precipita su derrota. El punto que convierta a esta jugada en genial, es que el adversario no pueda verla. Esto en ajedrez, es reto mayúsculo porque ambos jugadores ven todo el tablero y las posibilidades de juego. No está demás decir que es una jugada arriesgada. Si no funciona, el que pierde su reina, queda muy disminuido.
Trump se enfrenta a varios problemas monumentales. La deuda de USA es tan enorme que los intereses de esta ya son mayores que el presupuesto de defensa. Esto es, más de un trillón de dólares anglosajones o sea más de un millón de millones de dólares. Solo de intereses. Porque no se paga deuda, en realidad, cada año la deuda aumenta. Quizá este punto sea la clave para entender la prisa por arreglar la situación de la guerra con Rusia y la prisa por hacer tantas cosas en tan poco tiempo.
La deuda de USA es impagable, pero no necesita pagarla, basta pagar los intereses. En estos momentos, la carga de los intereses es una losa para la economía norteamericana. Ese es el detalle que nos puede dar pistas de la desesperación de la élite globalista y la prisa de Trump. Se estima que mas pronto que tarde la deuda norteamericana provocará una catástrofe económica. Pero nadie sabe cuándo será eso. Sin embargo, es muy probable que Trump y su equipo estén en el grupo que si sabe cuando será el colapso económico. Quizá sea muy pronto, más pronto de lo que nos gustaría. Eso explicaría la prisa por detener la sangría económica de la guerra en Ucrania y el deseo de cobrarle a Ucrania 500 mil millones de dólares por la destrucción del país. Al mismo tiempo que detiene la guerra en Ucrania, Trump «aconseja» a sus vasallos europeos que se rearmen dedicando una cantidad inasumible del PIB para la compra de armas. El detalle es que le deben comprar las armas al complejo militar-industrial norteamericano. Trump, está buscando de forma desesperada que ingrese dinero a USA. Puede ser que esa prisa sea el indicativo de lo cerca que está el dólar del precipicio.
Al parejo del aumento de deuda, también crece la miseria de la gran mayoría del pueblo estadounidense. Para ponerlo en contexto, el salario mínimo federal en USA es de 7.25 dólares la hora y no se ha modificado en más de una década. En la práctica, el salario mínimo cambia para cada estado. Pero vivir en la zona de la bahía de San Francisco con un salario de 18 dólares la hora es un chiste de mal gusto.
Al mismo tiempo, aunque el desempleo se mantiene relativamente bajo, la mayoría de los empleos son lo que los neoliberales llaman «empleos de bajo valor añadido». Esto es, servicios como el de despachar comida rápida o entregar mercancías a domicilio. Estos y muchos otros problemas hacen que la otrora boyante sociedad norteamericana se encuentre en un estado de enojo y postración sin saber exactamente que ha pasado. Porque al mismo tiempo, Wall Street va de máximo histórico en máximo histórico. Una situación esquizofrénica.
Los planes de Trump, son reindustrializar al país para que regresen las empresas que ofrecen empleos de alto valor añadido y que pagan mejor. Al mismo tiempo y como parte del mismo plan, poner elevados aranceles a cuanta empresa se ponga enfrente. De ese modo obligarlas a que produzcan en USA. Recordemos que USA es el mayor mercado del mundo (aún, en términos per cápita). Por lo tanto, vender a norteamérica sigue siendo muy atractivo para toda clase de empresas. Pero en lugar de que USA compre la producción industrial foránea, esos productos se produzcan dentro y el excedente se exporte.
Por lo pronto, el mundo mira atónito el giro radical de la política norteamericana. Sea lo que sea que quiere hacer Trump, si falla, no es descartable una fuerte agitación social dentro del país. Si esto sucede, el pronóstico queda abierto.
Juan Loera Albarrán.
