La ultraderecha, quo non ascendam

El día de ayer, miércoles 26 de marzo, apareció en La Jornada, un artículo de Bernardo Barranco V, sociólogo y experto en temas religiosos. En el artículo en cuestión hace una enumeración de las contradicciones del peso más pesado que tiene la ultraderecha mexicana (pongo el enlace al artículo al final del post), Eduardo Verástegui. Después de leer el artículo, creo que hay un error en la clasificación de Verástegui. Yo no lo pondría como líder de un movimiento político, yo lo pondría como paciente de una institución psiquiátrica.

En los últimos años se ha notado un gran avance de la ultraderecha a nivel mundial. Es un fenómeno preocupante según todos. Pero si es tan preocupante, ¿porqué no se hace realmente nada para frenarla? Lo digo porque no surgió de pronto, desde hace años se ve como una derecha cada vez más radical, obtiene el poder político mediante el voto popular. Tenemos al esperpéntico Milei en Argentina, al peligroso Trump en USA, a Meloni en Italia, después de muchos (y muy escandalosos) años con Belrusconi. En Francia y Alemania la ultraderecha está lista para tomar el poder. Esta incompleta lista, los que faltan y que van en ascenso muestra que en realidad no se hace gran cosa para frenarlos.

En el caso mexicano, a pesar de que en los últimos años la ultraderecha se ha vuelto más visible, representa a una parte extremadamente pequeña de los votantes del país. Sin embargo, no deja de ser llamativo que en el país de la «raza de bronce» los apóstoles de la pureza racial hagan tanto ruido. El fenómeno no es nuevo, ya desde los años treinta del siglo pasado, whitexicanos un tanto extraviados se disfrazaban de «camisas pardas» y hacían el saludo nazi en sus reuniones. Sin embargo, la vertiente de ultraderecha nunca ha sido muy popular más allá de algunos segmentos muy pequeños de la sociedad mexicana.

Para explicar el ascenso imparable de la ultraderecha a nivel mundial, creo que hay que revisar la historia y ver los paralelismos. En los años veintes, en una Europa postrada económicamente, devastada por la Gran Guerra y rematada por «el crack de 1929»; el deterioro del nivel de vida de la población europea cayó en picada. Eso provocó fuertes movimientos sociales, por todos lados. La socialdemocracia, pero sobre todo, los comunistas iban en ascenso y había una posibilidad muy real de que tomaran el poder. Al mismo tiempo surgen el fascismo y el nazismo. Ambos entran en la categoría de movimientos contestatarios, pero sin más argumento que el enojo y una actitud sectaría, si no estás conmigo, estás contra mi. No se debate con el adversario político, se le difama, se le agrede y se le mata. En pocas palabras, se desaparece al adversario y queda un discurso único y violento. Esa violencia es la única respuesta que da la ultraderecha. En el caso del nazismo y el fascimo; estos dos movimientos fueron aprovechados por las élites corporativas para contrarrestar a comunistas y socialdemócratas.

Visto en retrospectiva, cuesta trabajo pensar que un movimiento tan violento pueda prosperar. Pero, aquí es donde hay algunos cabos sueltos cuya explicación es muy difícil encontrar en los textos comunes de historia. Los nazis eran un movimiento bien organizado. Todos iban pulcramente uniformados y había una propaganda bien pensada, bien hecha y abundante. ¿De dónde salía el dinero para todo eso? En el caso del fascismo italiano, ¿quién pagó la famosa «Marcha sobre Roma»? Sin dinero no se puede hacer. Lo mismo en la Guerra Civil Española. Franco se embarca con sus tropas en África y desembarca en España, ¿quién pagó? ¿Quién financió a las legiones franquistas? Una guerra no es barata.

En todos los casos el dinero salió de las élites corporativas. En el caso de Alemania, está bien documentado, las oligarquías alemanas, inglesas y norteamericanas financiaron las actividades del pintor de brocha gorda y sus secuaces.

Habría que hacer un señalamiento aquí respecto al régimen nacionalsocialista. Se dice que fue un gobierno excepcionalmente eficiente y sacó a Alemania de la postración total a potencia en dos lustros. Es cierto, pero al costo de desfondar la economía y poner a Alemania al borde de otro colapso económico. La salida fue un «escape hacia adelante». La guerra. Aunque el régimen nazi preveía una guerra, esta estaba contemplada para iniciarse en 1945. Pero debido a que toda la economía podía desmoronarse como castillo de naipes, se adelanta el inicio de la guerra a 1939.

Volviendo al presente, creo que el avance de la ultraderecha tiene como fin quitar militancia y presencia a la «izquierda»1. Para la élites corporativas, la ultraderecha tiene la ventaja de que es muy controlable. No se sale de los cauces marcados por la élite económica. A cambio de eso, se obtiene un régimen que combate con una furia homicida cualquier intento de disidencia. La izquierda, aunque muy diluida en la actualidad, sigue teniendo como fuente a un corpus filosófico-histórico muy extenso y con muchos éxitos. La semana laboral de 40 horas, jubilación, servicios médicos, vacaciones, por mencionar solo a los más conspicuos. Solo eso la hace peligrosa para los dueños del dinero. Por lo tanto, estas élites corporativas hacen todo lo posible para dificultar el avance de la izquierda. Para estos grupos económicos de psicóticos integrados y positivos, es preferible un régimen de terror y muerte, pero que asegure y maximice sus ganancias.

Enlace al articulo de la jornada:

https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/03/26/opinion/eduardo-verastegui-y-las-contradicciones-de-la-ultraderecha

  1. Los términos «izquierda» y «derecha» que antes tenían un significado muy claro, ahora son difusos y confusos. Cada quien los usa como le conviene ↩︎

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