
Después de la disolución de la URSS, comenzó un proceso revolucionario un tanto extraño. Revoluciones dirigidas desde las élites corporativas occidentales, en las que lejos de beneficiar a la población; el objetivo era destruir el país. Yugoeslavia, Egipto, Ucrania, Siria, Kiriguistan, Líbano, Bielorrusia, Túnez, Yemen, Armenia y muchos otros. Incluso, si se revisa la semejanza del «modus operandi» de las anteriores, con los disturbios en la plaza de Tiananmén. Se puede considerar que Tiananmén fue una revolución de color frustrada». Digamos que se comenzaron a producir revoluciones en serie. Mismo proceso, mismos ingredientes y en muchas ocasiones el mismo resultado. La eficiencia capitalista en pleno.
Ahora bien, en los años setenta en latinoamérica se acuñó un chiste que hizo fortuna: «Que bueno que los USA no tienen embajada en Washington, de lo contrario ya hubieran dado golpe de Estado». Parece ser que no se necesitó una embajada en la capital de Estados Unidos.
Ha comenzado un proceso de manifestaciones mas o menos masivas, censura informativa y acusaciones de fascismo al gobierno de Trump. Desde luego, Trump mismo proporciona motivos para revelarse. Pero si a lo anterior, agregamos que desde los primeros días de febrero, se comenzó a hablar de rumores de Golpe de Estado en la tierra de la Estatua de la Libertad. Tenemos un panorama extremadamente caótico para todo el mundo. Nunca se había dado la situación, de que lo que sucediera dentro de una nación sacudiera a todo el globo.
De lo que se puede sacar en limpio es que la situación de caos a nivel mundial, es que tenemos dos grupos muy poderosos económicamente; que pelean el control del mundo. Por un lado Wall Street y La City(sector financiero de Londres) que con sus personeros como Soros promueven el credo globalizador y que detentan el poder de los mass media. Por otro lado, los bancos medios, oligopolios que dependen de la paz para funcionar bien, como Wall-Mart, grupos dentro del ejército USA y la comunidad de los servicios de inteligencia apoyan a Trump. Ambos grupos con alcance global y mucho poder.
Del resultado de este «tour de force» depende el destino del mundo. El resto de la comunidad internacional (con la excepción china), pinta muy poco, poquísimo en este duelo oligárquico.
Juan Loera Albarrán
