Las apuestas por el nuevo Papa

En la reunión de «Los tres grandes» en Yalta, al final de la SGM. Churchill le dice a Stalin «El Papa opina que….». Stalin escucha atentamente y cortésmente a Churchill hasta el final. A continuación Stalin responde: «¿Cuántas divisiones (enormes unidades militares) dice usted que tiene el Papa?».

El declive en el poder de la iglesia católica ejemplificado con esta breve anécdota, es una situación relativamente nueva. Pensando en una institución que tiene más de 2000 años.

A lo largo de la historia europea, la iglesia católica ha sido un actor de primera línea, en todos los aspectos de la vida. Esto no es gratis; a la caída del Imperio Romano, las huestes bárbaras se lanzan sobre las ciudades y pueblos de lo que queda de la civilización latina. Cuando los ejércitos bárbaros estaban frente a estas poblaciones, que no tenían murallas (el Imperio Romano era muy seguro), ni armas. Salía del poblado un hombre solo, cargando una cruz. Hablaba con los invasores y, casi siempre, los convencía de que no era necesario atacar y destruir. Los persuadía de que había espacio, comida y bienes para todos. No solo eso, al apagarse la administración central, los sacerdotes se volvieron parte muy importante de la administración y gobierno de todo el basto territorio europeo. Eso incluye al imperio bizantino.

Con el correr del medioevo, la sociedad fue cambiando y con esta, la iglesia evolucionó al compás de los cambios. Solo así se puede mantener una organización por mucho tiempo. La iglesia tuvo un papel importante en la formación del Estado moderno y por lo mismo siguió siendo un actor de peso, pero de un peso cada vez menor. Aunque el reconocimiento de este rol cada vez más tenue de la iglesia vino con la guerra franco-prusiana de 1870, la unificación de Italia y la desaparición de los «Estados papales». El resultado de esto fue que la iglesia se tiñó de un conservadurismo reaccionario. Así fue, hasta el papado de Juan XXIII, en el que soplaron aires de renovación en el trono de San Pedro. Juan XXIII no pudo dirigir el concilio hasta el final. El relevo de Juan XXIII, Paulo VI (aunque recientemente, en español, me lo cambiaron por Pablo VI), apoyó de palabra la llamada «teología de la liberación». En los hechos no hubo muchos cambios, a excepción de Hispanoamérica. Tan preocupantes fueron esos cambios para el Tío Sam, que se impulsó a las iglesias protestantes norteamericanas a enviar misioneros (que hablaran un español decente) para predicar el protestantismo y alejar a los pueblos latinoamericanos de la «teología de la liberación». Resulta que el papado sigue siendo muy importante. La llegada de Karol Wojtyla marcó un cambio de rumbo, alejando al Vaticano del Concilio Vaticano II y a Esto fue bueno para la figura del papa JPII, pero un desastre para la iglesia católica. JPII fue un papa que tuvo un papel relevante en la disolución de la zona de influencia de la URSS. Se alineó con los líderes neoliberales y sin proclamar jamás ningún cambio; marcó un rumbo de regreso al pasado conservador, acercándolo a los poderes políticos y económicos más reaccionarios. Al mismo tiempo, durante el papado de JPII hubo una pérdida enorme de fieles católicos hacia las iglesias evángelicos y las pentecostales (cercanas pero no iguales). Aunque algunos analistas dicen que el mayor receptor de estos desertores católicos fue el ateísmo. El distanciamiento de JPII con el Concilio Vaticano II fue también su alejamiento de la «grey de Dios». La reacción de los poderes económicos al Concilio Vaticano II es la muestra más acabada del poder político que aún tiene la iglesia. Aunque el Concilio fue una propuesta únicamente teológica al interior de la iglesia, tuvo fuertes repercusiones también al exterior de la iglesia.

Benedicto XVI, trató de revertir la mediatización de la iglesia y el regreso a una liturgia más tradicional. Aunque en los hechos, no pudo hacer gran cosa. Al parecer no encontró la manera de coexistir y modificar las dos grandes vertientes de la iglesia. Uno conservador y otro (dentro de su conservadurismo) más progresista.

El papa Francisco impulsó cambios progresistas en la iglesia, no lo que muchos hubieran esperado, pero suficientes para encontrar una oposición feroz en el Vaticano.

Es ahora que sale a la luz toda la importancia que aún tiene el «trono de San Pedro». En medio de este conflicto dentro de la curia por el rumbo que debe seguir la iglesia católica. Salen a la luz actores económicos que tratan de impulsar a X o Y candidato. Resulta que la influencia que tiene la iglesia católica en lugares como Europa central, Hispanoamérica y algunos lugares de Asia y África es muy deseable como aliado.

Por lo mismo, los poderosos grupos económicos detrás de Trump y Biden-Harris ven el Vaticano como otro campo de batalla. No es casual que JD Vance, el vicepresidente norteamericano, esperara dos días a que Francisco pudiera recibirlo. El mismo día de su muerte. El grupo económico que gane, gana un aliado importante en esta lucha por el control del mundo (lo que les deje del mundo China).

Juan Loera Albarrán

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