
Uno de los temas recurrentes de los historiadores especializados en el Imperio Romano, es el porqué de su desaparición. Ahora bien, desde el Imperio Romano han pasado otros imperios por el mundo. Han surgido, crecido, alcanzado se cenit, decadencia y desaparición. Esto ha permitido ver que todo imperio sigue algo parecido a un patrón en el que nace, se desarrolla, viene la decadencia y desaparece. Hay una amplia investigación al respecto. Sin embargo, la arqueología ha encontrado que la civilización romana hacía un uso desmedido del plomo.
Dado que el plomo tiene un bajo punto de fusión es fácil trabajarlo. Eso hace que los romanos lo hayan utilizado para muchísimas cosas. Lo utilizaron como ollas, utensilios de cocina, tuberías (de ahí el nombre de plomeros al oficio de poner y reparar tubos), objetos de adorno, juguetes y mucho más. Digamos que era como el plástico de la época. Más aún, a los romanos les gustaba el vino hervido en ollas de plomo. Esto le daba un sabor dulce, ese sabor viene del hecho de que en el proceso de ebullición el vino se dulcificaba. Ese sabor venía del hecho de que se formaba acetato de plomo. Un potente fungicida que, además de ser extremadamente tóxico (pero mejoraba el sabor del vino), se usaba como base para la pintura blanca, maquillaje y muchos otros usos. Cabe destacar, que todo esto costaba dinero. Por lo tanto, la parte de la sociedad que más se auto envenenaba era la clase patricia. Virgilio, Ovidio y muchos otros escritores de la época veían a las clases acomodadas como débiles de cuerpo y mente. Siendo la gota saturnina (es decir la gota causada por envenenamiento con plomo), una enfermedad que parecía epidemia entre las clases altas. En cambio, los plebeyos, aunque consumían plomo también en diversas formas; como la cerámica mal vidriada. Su contacto con el plomo era mucho menor. De acuerdo a los restos humanos que se han podido estudiar, para la clase baja, los niveles de plomo eran cercanos a los actuales en humanos.
Hay que decir que con el tiempo, al plomo se le identificó con ciertos problemas, pero no se veía la necesidad de establecer normas para su uso.
Sin embargo, a principios del siglo XX el plomo fue identificado como un agente venenoso por Alice Hamilton. Es entonces cuando comienzan a establecerse normas para evitar la exposición al plomo en los trabajos.
Después de que se identificara el plomo como un agente tóxico, se ha ido retirando el plomo de los elementos cotidianos que nos ponen en contacto con el metal.
En descargo de los romanos, podemos decir que ellos ignoraban la calidad tóxica del metal. Se estima que los romanos produjeron unas 60 mil toneladas anuales de plomo durante unos cuatrocientos años.
Podemos pensar que nosotros, con todos los conocimientos fruto de muchos avances científicos y técnicos estamos a salvo de semejante situación. Sin embargo, estamos en la misma situación de los romanos. Las diferencias son: Que no es plomo y si conocemos las consecuencias tóxicas de su uso.
El moderno plomo es el plástico. Para continuar con la analogía romana, el plástico es extremadamente útil. Es omnipresente en todos los aspectos de la vida, utensilios de cocina, ropa, partes de los automóviles, aviones, botellas y un larguísimo etcétera. Los usos del plástico son prácticamente innumerables en la vida moderna.
Debido a que el plástico no reacciona químicamente con casi nada, tenemos la tendencia a pensar que es inofensivo.
Últimamente se ha tomado conciencia de los desechos de plástico y como al degradarse el plástico se va empequeñeciendo hasta tal punto que puede llegar a penetrar dentro de los órganos de los seres vivos. Eso incluye al ser humano.
Se ha puesto de relieve que esos pedazos de plástico vagando por el cuerpo son dañinos.
Pero, el plástico, antes de llegar a ser basura ya puede ser dañino para la salud. El plástico puede liberar unas 130 sustancias desde antes de ser basura y algunas de ellas son extremadamente tóxicas como el cadmio o el mercurio.
A pesar de la apariencia de invulnerabilidad aparente del plástico comparado con otras sustancias, es posible que sea comido por bacterias en los estantes de las tiendas. Así que se frecuentemente se le agrega un fungicida como el triclosán.
El que el plástico libere sustancias, depende de la sustancia y si forma o no parte del plástico. Por ejemplo, el formaldehído (un desinfectante muy potente, pero con muchos usos en la industria), o el cloruro de vinilo pueden desprenderse muy rápidamente del plástico en condiciones normales.
Otra sustancia usada en el plástico es la formamida (ADCA), se utiliza en el PVC, polietileno y otros. Los metales como el plomo, estaño, el cadmio o el zinc se utilizan como colorantes, estabilizadores y catalizadores.
En los plásticos que se exigen para ciertos usos como en la aviación, para que no ardan con facilidad se utilizan compuestos bromados como aditivo, esto es, sin unión química al plástico. Por lo que puede desprenderse de este con cierta facilidad.
Mención especial merecen lo ftalatos. Estos se utilizan para suavizar un plástico. Si al PVC que podemos usar como tubo se le agrega ftalato se convierte en un plástico flexible que podemos usar como bolsa. Eso hace que se le agregue a los plásticos para juguetes, que se prefiere sean suaves. Como curiosidad, se han encontrado en los juguetes sexuales con concentraciones que van del 24 al 51% de la cantidad de plástico.
Los ftalatos están relacionados a la alteración de la calidad del semen, infertilidad, alteraciones hormonales en niños. Esto presenta un problema especial porque el ser humano comienza a producir hormonas hasta la adolescencia. Estos ftalatos causan un efecto parecido a la hormona del cuerpo, desencadenando problemas hormonales debido a que algunos mecanismos de la adolescencia tratan de arrancar en la infancia. Además de bajo peso al nacer, endometriosis, resistencia a la insulina, alteraciones de conducta, déficit de atención, partos prematuros y mucho más.
Faltan además, las consecuencias de las micropartículas de plástico que logran ingresar al cuerpo. Una vez adentro, se quedan atrapados en este.
Pero, ¿y de quién es la responsabilidad? Una de las excusas más frecuentes dice que es “el progreso”. De entrada es un asunto esquizofrénico. Se supone que el progreso es para beneficio de la humanidad. Pero, ¿podemos llamar progreso a la industria de las bebidas embotelladas?, por ejemplo. Son bebidas nocivas para la salud, en particular la coca cola. Coca cola, vende aguas negras y espumosas en envases de plástico. Todo lo que viene es una coca cola es para fastidiar al ser humano. El contenido es un veneno que mata muy lentamente. Esto no es casual. Una persona que bebe coca cola durante 40 años (hasta que el médico se lo prohíbe) paga mucho dinero a la compañía por envenenarlo. Más aún, una vez ingerido el contenido, queda una botella de plástico que forma parte de los tres millones de toneladas de plástico que genera solo coca cola; el mayor contaminador de plástico del mundo.
Aquí surge una pregunta. ¿Porqué coca cola no se hace responsable de la basura que genera? (y los gastos en médicos que genera su consumo). En lugar de eso nos hacen responsables a nosotros.
Los gobiernos (fundamentalmente) gastan bastante dinero en investigación de que se puede hacer con la basura de coca cola. Además de la medicina institucional que aporta la mayoría de los medicamentos para enfermedades crónica degenerativas originadas en el consumo de comida y bebidas chatarra. No es el único caso, los neumáticos usados constituyen uno de los mayores problemas de la contaminación de suelo. Por todo el mundo hay inmensos tiraderos de neumáticos desechados. Como todo contaminante que se respete está lleno de sustancias tóxicas. Inicialmente, muy al principio. Los neumáticos se hacían de caucho exclusivamente. Eran blancos, pero duraban demasiado poco. Para paliar el problema de la corta duración de los mismos; se les agregó negro de humo. Eso hizo que duraran más y les dio su característico color. Con el tiempo se han ido agregando diversas sustancias para hacer que duren más. Ahora bien, el problema de los desechos de un neumático no es solo cuando se desecha. Quizá su etapa más contaminante es con su uso. Cada vez que el auto se mueve, acelera o frena. Se van desprendiendo pequeñísimos fragmentos que quedan flotando en el ambiente y que son respirados por las personas. Igual que con los envases de bebidas carbonatadas, los fabricantes se desentienden de los daños que causa su producto.
Las ganancias son privadas y las pérdidas son públicas.
¡Y lo llamamos progreso !
Los romanos no tenían conciencia de la nocividad del plomo, eso los disculpa. Pero, ¿y nosotros?
Juan Loera Albarrán
